El difícil trance poscolonial

Los pueblos de recién estrenada independencia descubrirán en el Congo que los mayores problemas aparecen después de la partida de los gobernadores y altos comisarios coloniales.
La presencia de una nueva forma de colonización se hace ahora menos visible. Como en el caso de la minería katangueña, el petróleo llevará a la Nigeria oriental a la secesión, que con el nombre de Biafra y con un ejército de mercenarios financiado por las compañías petrolíferas se enfrentará durante casi tres años (mayo de 1967 a enero de 1970) a las tropas federales.
El bloqueo de las provincias arrastrará a la muerte por hambre a millares de personas. Occidente se estremecerá con la imagen de los niños desnutridos, pero permanecerá insensible ante  el problema de fondo de una escisión provocada por las corporaciones del petróleo.
África y Asia, a través de conferencias periódicas y en el  caso africano desde OUA, denunciarán una y otra vez las nuevas formas del colonialismo, una vez que el tradicional, el que proclama las ventajas para la población autóctona de la dominación militar, sólo lo ejerce  ya Portugal en los territorios de Guinea, Angola y Mozambique.

 


Soldados de la guerrilla angoleña en un poblado

Desde Bandung, sufrirá sucesivas condenas de discriminación racial, institucionalizada en Sudáfrica y también en Rhodesia, desde que la minoría blanca proclama unilateralmente la independencia, en 1965. Las Naciones Unidas verán burlada su autoridad en los casos de las colonias portuguesas, de una República Sudafricana que ejerce el racismo y que ocupa el territorio de Namibia y de una Rhodesia unicolor que se mofa del poder británico.
Serán los tres grandes grupos de coincidencia entre los dirigentes de color, muchas veces enfrentados por unos problemas heredados de los colonizadores. Fronteras ficticias llevarán al enfrentamiento de ugandeses contra tanzanos, de hindúes contra pakistaníes, gracias a cuyas diferencias podrá surgir en Pakistán Oriental un tercer Estado que llevará el nombre de Bangla Desh (17-04-71).
Los golpes de Estado se sucederán casi siempre para empeorar (23 en el período de 62-72). Caerán dirigentes de signo progresista, como Modibo Keita, en Malí (noviembre de 1968), o como Milton Obote, en Uganda, sustituido por el pintoresco y belicoso general Idi Amin (25-01-71)..
Ciertos o ficticios, los complots que se denuncian servirán a los dirigentes para desembarazarse de todo oponente o de cualquier persona que no le resulte grata. Seku Turé, en Guinea, denunciará misteriosos desembarcos alentados por Alemania Federal, Estados Unidos y Portugal. Se gobernará con dureza -África será el continente con mayor número de militares en el poder- y la oposición será perseguida hasta el exilio.
Francia tendrá que condenar en rebeldía al ministro del Interior marroquí, general Ufkir, por haber participado en el asesinato en París del dirigente de la oposición Ben Barka (29-10-65). Será después el propio Ufkir el que conspire contra el rey (1971-1973) o por lo menos aquella será la versión oficial de los hechos, después que el antiguo hombre fuerte de Hassan es hallado muerto.
El nombre de Portugal aparecerá mezclado en el asesinato del dirigente del movimiento de independencia de Guinea y Cabo Verde, Amílcar Cabral (20-01-73).
 


El dirigente del movimiento de independencia de la Guinea portuguesa, Amílcar Cabral, asesinado en 1973


El dirigente libio coronel Gadhafi

El poder tradicional se enfrentará a nuevas formas de gobierno, como en el caso del Yemen, donde se ventilará una larga guerra financiada por regímenes partidarios, respectivamente, del feudalismo y de la república. Caerán monarquías como la de Libia (01-09-69), donde el coronel Gadhafi teñirá el Corán de republicanismo.
La opulencia petrolífera, siempre mal administrada, convivirá junto a la miseria de tantos pueblos que no alcanzan una renta media de 200 dólares anuales. En las conferencias internacionales sobre el subdesarrollo, se pasará del lamento a la protesta por el bajo precio que el mundo desarrollado paga por sus materias primas, imponiéndose la tesis de que la prosperidad de los poderosos no tiene otro origen que la expoliación de los débiles.
De no alineados diplomáticamente por cuestión de principios, cambiarán sucesivamente el signo de su alineación, según sea el color del último golpe de Estado. A la caída de Sukarno, en 1966, se desencadena en Indonesia una violenta represión contra todo supuesto comunista, al tiempo que el país se inscribe en la órbita norteamericana.
Las grandes potencias se seguirán disputando la influencia de estos países y cada vez será mayor la presencia en ellos de la República Popular China, protagonista, al fin y al cabo, en la Conferencia de Bandung, y opuesta siempre al entendimiento y connivencia entre las dos superpotencias que intentan dirigir el mundo.

 

Fuente: "Historia mundial desde 1939" de Salvat