En Latinoamérica

 

En 1810 estalló en Buenos Aires una revolución que llevó a la proclamación de la independencia de la Argentina de España. Durante los 20 años siguientes el resto de la América española se rebeló contra España, y en 1830 el Imperio español había quedado divido en 13 repúblicas independientes que, durante años, combatieron entre sí y se trenzaron en guerras civiles.
En los años posteriores a 1814, Chile y otras regiones de América del Sur se independizaron de España por la acción de un ejército revolucionario proveniente de Buenos Aires, al mando del general José de San Martín, conocido en la Argentina como "El Libertador", y desde Venezuela a través del general Simón Bolívar.
Venezuela y las zonas del norte de América del Sur fueron liberadas a través de una serie de revoluciones dirigidas por el general Simón Bolívar, quien finalmente se encontró con el ejército de San Martín en Guayaquil, en lo que hoy es Ecuador.
Bernardo O'Higgins ayudó a San Martín en la liberación de Chile. Se trataba del hijo ilegítimo de una madre criolla (criollo = persona de origen español nacida en el Imperio español en América) de buena familia y de Ambrose O'Higgins, un irlandés que en el siglo XVIII entró al servicio del Rey de España, fue nombrado marqués de Vallemar y Osorno, y designado virrey español de Perú.
El joven O'Higgins, Bolívar y San Martín eran francmasones. Pertenecían a una red de sociedades masónicas sudamericanas, conocida como la Logia Lautaro, que debía su nombre a un indio sudamericano que en el siglo XVI había encabezado una revuelta infructuosa contra el dominio español.
Los focos revolucionarios de América del Sur se extendieron a México. En 1811 estalló una revuelta al mando de un sacerdote católico de origen criollo, Manuel Hidalgo, que combatía no sólo por la independencia mexicana sino también por la justicia social. Acusaba a los ricos de oprimir a los pobres y exigía que se confiscaran sus riquezas: sostenía que parte de sus propiedades debería distribuirse entre los pobres y el resto quedar en manos del Estado. Para conducir a sus partidarios revolucionarios hacía flamear la bandera de Nuestra Señora de Guadalupe, la santa patrona de México; pero era francmasón. Las fuerzas gubernamentales lo capturaron luego de cruentas luchas entre las partes y fue fusilado. La Iglesia católica condenó a Hidalgo.
En España. más que en cualquier otro país del mundo, la francmasonería efectivamente cumplía el papel de conspiración revolucionaria que describían los ensayistas antimasónicos y los propagandistas de la Iglesia católica.
Cuando los generales y conservadores que habían sofocado las revueltas de Hidalgo, Morelos y Mina, se enteraron de que la revolución masónica y liberal de 1820 había establecido en España un gobierno liberal, proclamaron la independencia de México a través de un golpe contra los representantes del gobierno liberal español. El líder del golpe fue el general francmasón Agustín de Iturbide, que se proclamó emperador Agustín I de México. Sus hermanos masones liberales de México no aprobaban la proclamación de Iturbide como emperador y convencieron a uno de sus principales oficiales, el general Antonio López de Santa Ana, de que lo derrocara. Santa Ana era también francmasón. Se permitió que Iturbide marchara al exilio; pero cuando regresó y trató de llevar a cabo un segundo golpe, los liberales lo capturaron y lo fusilaron. Entonces, Santa Ana se volvió contra los liberales y se convirtió él mismo en dictador.
Después de que Fernando VII las suprimiera en 1814, las logias ilegales se habían convertido en sociedades secretas y revolucionarias muy bien organizadas. Algunos aristócratas las apoyaban; pero, al igual que en Nápoles y en el resto de Italia, las logias estaban constituidas en su mayor parte por abogados y periodistas, que tendían a ser leales al Rey y a la Iglesia católica. Pero había una diferencia importante entre los francmasones españoles y sus hermanos de Francia e Italia. En España, los francmasones tenían un considerable número de partidarios entre los oficiales del ejército.
Mientras muchos francmasones cumplían largas condenas en prisión, los masones del ejército organizaban una serie de motines en Cádiz, especialmente en unidades que esperaban ser enviadas a México a reprimir las revueltas.
El gobierno anticipó y  sofocó los motines, pero el 1 de enero de 1820, un oficial del ejército, Rafael del Riego Núñez, organizó un exitoso golpe militar en Cádiz. Había combatido contra Napoleón y había caído prisionero de los franceses y, una vez en prisión, los franceses lo convirtieron al liberalismo y se hizo francmasón. Como resultado del golpe de Riego, los políticos masones y liberales de Madrid pudieron llegar al poder y proclamar la Constitución de 1812. El Rey Fernando se vio obligado a aceptarlos en el gobierno.
Otro de los francmasones en América del Sur, fue el hijo y heredero del Rey Juan de Portugal, don Pedro, quien apoyó la revolución nacional de Brasil, y se puso a la cabeza del movimiento y fue proclamado emperador Pedro I de Brasil.
En 1835, un revolucionario italiano, Giuseppe Garibaldi, luego de marcharse de Génova, tras previo paso por Brasil, llega a Montevideo y lo ponen al mando de la marina uruguaya en la lucha contra Rosas y los federales argentinos. Se hizo francmasón en Montevideo, incorporándose a una logia, como su colega, el dirigente liberal argentino Bartolomé Mitre, que se había sumado a los liberales uruguayos en su lucha contra Rosas.
En México, la independencia no se logró a través de una revolución sino mediante una contrarrevolución.
Durante las revueltas y la independencia de Texas de México, el dirigente liberal de la revolución texana, fue el francmasón Sam Houston. Como así también lo eran Stephen Austin, el primero en lanzar la campaña por la independencia, Mirabeau Bonaparte Lamar y Anson Jones, el segundo y el último de los presidentes del estado independiente de Texas, que duró apenas 9 años antes de ser anexada por Estados Unidos, y el capitán William Travis, comandante de la guarnición que resistió el sitio de El Álamo.
La anexión de Texas por parte de Estados Unidos y la guerra contra México se debieron principalmente a la política agresiva del presidente francmasón  James K. Polk y a su convicción de que "el destino manifiesto" de Estados Unidos era gobernar sobre todos los territorios entre los océanos Atlántico y Pacífico y desde el Ártico hasta los trópicos. El general Winfield Scott, comandante del ejército que capturó la ciudad de México, también era francmasón.
En el transcurso de 25 años, Santa Ana había traicionado y derrotado a su comandante en jefe, Iturbide, que lo había puesto al frente del mando militar; había instalado a Vicente Guerrero como presidente liberal de México; se había confabulado con Anastasio Bustamante para traicionar a Guerrero, a quien capturaron mediante una trampa y ejecutaron; había traicionado y derrocado a Bustamante; había derrotado y asesinado a Travis en El Álamo; había sido derrotado a su turno y hecho prisionero por Houston en la batalla de San Jacinto; y había perdido una guerra y gran parte del territorio mexicano a manos de Polk y Scott. Santa Ana, Iturbide, Guerrero, Bustamante, Travis, Houston, Polk y Scott, eran todos hermanos masones.
Durante los siglos XIX y XX los francmasones lautarianos mantuvieron sus actividades revolucionarias en América Latina.
Anarciso López, que dirigió una infructuosa revuelta en Cuba en 1851, y fue capturado y fusilado por las autoridades españolas, era francmasón. Al igual que José Julio Martí, el "apóstol de la liberación cubana", quien dirigió la revuelta de 1875; Calosto García-Iñiguez, quien combatió por la independencia de Cuba durante 20 años y Narciso Valdéz, que en 1902, en el momento de la victoria, hizo ondear la bandera cubana en el faro del Castillo de Morro en La Habana. El dictador general Machado, que fuera derrocado por la revolución de 1933, era francmasón también.
El ex presidente chileno, el socialista Salvador Allende era francmasón. En su  actividad política demostró afinidad con el Partido Comunista y en 1970 accedió al poder por elecciones democráticas. En septiembre de 1973, Pinochet derrocó al gobierno mediante un golpe de estado, en el curso del cual Allende fue asesinado. En los años de la dictadura chilena de Pinochet, cerca de 35.000 personas catalogadas de izquierdistas, fueron arrestadas, torturadas y ejecutadas. Muchas aun están desaparecidas. En 1990, Pinochet aceptó poner fin a la dictadura y permitió que se instaurara un régimen democrático en Chile bajo la condición de que se le otorgara inmunidad por los crímenes de "lesa humanidad" cometidos durante sus años como dictador.
La última noticia relevante en tiempo presente se ha dado en Ecuador, el 10 de noviembre de 2004,
por el
 enjuiciamiento político contra el presidente, coronel Lucio Gutiérrez.

 

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