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En Francia, en 1788, ya hacía tiempo que el antiguo régimen estaba en
dificultades. El gobierno se enfrentaba crisis financieras que una
sucesión de ministros de economía no habían podido paliar por verse
obstaculizados por grupos e individuos con influencia en la corte. El
problema principal era que la aristocracia no tenía obligación de pagar
impuestos; se les había otorgado ese privilegio a cambio de que desistieran
de ejercer influencia política. Ya no eran agresivos y crueles, como sus
antepasados. Muchos de ellos tenían ideas moderadas liberales, leían a Voltaire, y se convertían en francmasones. Pero no aceptaban los ruegos de
los ministros del rey de que pagaran impuestos voluntariamente. Cuando se
reunían en la Asamblea de los Notables, se negaban a hacer concesiones y
obstruían todos los planes de reformas financieras. Los reyes eran Luis XVI
y María Antonieta.
El pueblo de París asaltó la Bastilla el 14 de julio de 1789, dirigidos por
Camille Desmoulins. Esta conquista fue considerada en todas partes como el
derrocamiento del símbolo de la tiranía monárquica. En agosto, la Asamblea
Nacional aprobó la Declaración de los Derechos del Hombre y abolió todos los
privilegios de la aristocracia.
La Asamblea Nacional había creado una Guardia Nacional para proteger el
nuevo régimen y había nombrado comandante de la fuerza a La Fayette, que se
había incorporado a la francmasonería antes de guiar a sus voluntarios a
combatir junto a los norteamericanos en la guerra de la Independencia.
En el verano de 1790, estallaron motines dentro del ejército en Nancy y Metz.
Francois Claude Amour, marqués de Bouillé, envió tropas a que arrasaran
ambas ciudades. Poco después era nombrado en la canción La Marseillase
como uno de los ejemplos principales de "déspota sanguinario":
Mais le despote sanguinaire,
Tous ces complices de Bouillé,
Tous ces tigres qui sans pitié
Déchirent le sein de leur mère...
Los principales críticos de Mirabeau y La Fayette eran Georges Jacques
Danton y Jean Paul Marat, éste último francmasón iniciado en Londres. En la
lucha entre los revolucionarios moderados y los extremistas, como en la
revolución norteamericana, había masones y no masones en ambos bandos.
Entre varias dificultades que los revolucionarios se encontraron, fue en
primer término, que quienes se habían exiliado, trataban de disuadir a los
países vecinos a que declararan la guerra a Francia, para reinstalar la
monarquía. Y en segundo lugar, tuvo que ver con la Iglesia. En abril de 1791
el papa Pío VI emitió una bula en la que condenaba la revolución que tenía
lugar en Francia y convocaba a todos los católicos a que la combatiera. Este
paso fatídico y desastroso fue el comienzo de casi 200 años de disputas
entre la Iglesia católica romana y los partidarios de las revoluciones
radicales en todo el mundo. También dio lugar a que la hostilidad entre los
elementos radicales de la francmasonería y la Iglesia católica fuera cada
vez mayor.
En Francia, el efecto inmediato de la bula papal fue la división del clero
entre aquellos sacerdotes que seguían la política del Papa y aquellos
dispuestos a colaborar con el gobierno. La Asamblea Nacional procedió a
reorganizar la administración y la situación financiera de la Iglesia en
Francia. Se toleró y alentó a los sacerdotes dispuestos a aceptar la nueva
situación; los otros fueron expulsados.
En 1790, el gobierno español recibió un informe de su embajada en París en
que se afirmaba que los francmasones estaban planeando revoluciones en todos
los países de Europa. El autor explicaba que los francmasones eran "una
secta de distintas personas que profesan religiones diferentes", que se
había originado en las logias de Inglaterra, y en la que participaban tanto
judíos como cristianos. Adjuntaba un informe en francés sobre "la Logia Roja
desenmascarada".
En Francia, los revolucionarios habían adaptado como emblema "el gorro rojo
de la libertad", y por primera vez la palabra "rojo" se utilizaba para
señalar a los revolucionarios. Se ha seguido usando en ese sentido durante
más de 200 años. Pero es incorrecto sostener que los términos "izquierda" y
"derecha", o "ala izquierda" y "ala derecha", cuando denotan la posición
política de una persona o partido, provengan de la Revolución francesa.
Surgieron como resultado de la ubicación en la que los diputados se sentaron
en la Asamblea Nacional francesa después de la revolución de 1848.
El rey Gustavo III de Suecia pensaba que todos los países de Europa debían
declarar la guerra a Francia. Era francmasón, había alentado la formación de
logias masónicas en Suecia y se había convertido en Gran Maestro de la Gran
Logia sueca. Pero creía que la revolución en Francia amenazaba a todos lo
reyes de Europa.
El 20 de junio de 1792 una muchedumbre de revolucionarios invadió las
Tullerías, se abrió paso hasta llegar a presencia del Rey y lo obligó a
encasquetarse el gorro rojo de la libertad en la cabeza.
Entonces los revolucionarios solicitaron a la ciudad revolucionaria de
Marsella que enviara hombres a fin de que encabezasen el ataque a las
Tullerías. 600 voluntarios partieron de Marsella; su líder, Francois Joseph
Westermann, era francmasón. Cuando marchaban cantaban el Chant de l`armée
du Rhin, que el francmasón Rouget de Lisle había compuesto un año antes
en honor del ejército francés del Rin. Después de que los hombres de
Marsella la cantaron en su marcha sobre París, la canción pasó a ser
conocida como "La Marsellesa".
El 10 de agosto de 1792, los marselleses y los revolucionarios jacobinos de
París, atacaron las Tullerías. El Rey, la Reina y la familia real fueron
encarcelados en la prisión del Temple. Al día siguiente la Asamblea Nacional
depuso al Rey y pocas semanas más tarde proclamó es establecimiento de la
República.
La creencia de que los francmasones fueron responsables por la Revolución
francesa quedó confirmada por la conducta del Gran Maestro del Gran Oriente
de Francia. Los francmasones habían tratado por todos los medios de
convencer al primo del Rey, Felipe duque de Chartres, de convertirse en Gran
Maestro y habían estado muy complacidos cuando él, por fin, aceptó. Se
pusieron todavía mas contentos cuando su Gran Maestro, a la muerte de su
padre, heredó el título de duque de Orleans. Pero, después de que estallara
la revolución, Felipe, duque de Orleans, se unió a los jacobinos y fue
elegido miembro de la Asamblea Nacional. Renunció a su título de nobleza y
adoptó el nombre de "Philippe Egalité".
El 21 de enero de 1793, Luis XVI, fue sentenciado a muerte a través de la
guillotina, luego de ser juzgado por la Asamblea Nacional, que ya había
adoptado el nombre de la Convención.
Los partidarios realistas atacaron violentamente a Philippe Egalité por
haber votado por la ejecución de su primo. Simplificando las cifras de la
votación, declararon que la decisión de guillotinar a Luis había ganado por
un solo voto: el de Philippe Egalité. Para los enemigos de la
francmasonería, aquella era la prueba definitiva de la responsabilidad que
les cabía en la Revolución francesa. El Gran Maestro, Felipe, duque de
Orleans, había ordenado a los francmasones que desencadenaran la Revolución
francesa para poder reemplazarlo.
Pero cuanto más aumentaban las acusaciones de los enemigos de la revolución
a los francmasones, haciéndolos responsables de las revoluciones
norteamericana y francesa, más revolucionarios se volvían los francmasones.
Si las logias masónicas eran lugares en los que se planeaban revoluciones,
entonces los ardientes jóvenes revolucionarios querían entrar en ellas.
Al final, los principios franceses de "Libertad, Igualdad y Fraternidad",
son los 3 principios fundamentales de la francmasonería.
En reyertas internas post revolucionarias se suscitaron hechos contra los
francmasones. Aunque los enemigos de la revolución francesa criticaban a los
francmasones como peligrosos revolucionarios, los revolucionarios más
extremos que llegaron al poder en Francia tachaban a los francmasones de
demasiado moderados.
Se produce una fractura entre los jacobinos y los girondinos. En Lyon, los
girondinos habían obtenido el control de las logias francmasónicas. En el
verano de 1793 los girondinos de esa ciudad desafiaron la autoridad del
gobierno jacobino de París y guillotinaron a uno de sus dirigentes locales.
Los francmasones de Lyon desempeñaron un papel destacado en la revuelta
contra los jacobinos parisinos; pero éstos reprimieron la rebelión y muchos
de sus líderes girondinos francmasones de Lyon fueron aguillotinados.
Los acontecimientos de Lyon constituyeron uno de los factores que provocaron
que el gobieno jacobino se enemistara con los francmasones. Demasiados
girondinos eran francmasones, y eso recordó a los jacobinos que la
estructura de la francmasonería, con sus Grandes Maestros y sus rangos
jerárquicos, era antidemocrático y opuesto al ideal revolucionario de la
igualdad.
El hecho de que en las etapas finales de la Revolución francesa los
francmasones hayan sido perseguidos por los revolucionarios extremistas no
impidió que sus enemigos los acusaran de ser responsables de la revolución.
La Convención que era integrada por dirigentes fanáticos y fervorosos
revolucionarios, fue disuelta por un gobierno de políticos corruptos y
amantes del lujo a quienes les gustaba el dinero, la buena vida y las
amantes hermosas. El gobierno que ellos instalaron pasó a llamarse como el
Directorio. La vigencia del Directorio llegó a su fin el 9 de noviembre de
1799, cuando Napoleón Bonaparte lo derrocó y se designó a sí mismo como
Primer Cónsul; 5 años más tarde adoptaría el título de emperador. Bajo el
liderazgo del Directorio y de Napoleón, la francmasonería volvió a revivir y
pasó a ser otra vez, primero legal y después influyente.
Mientras tanto, en 1790, en Irlanda
se estaban produciendo también revoluciones para sacarse el yugo inglés. |